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Energía, ciencia y medio ambiente: El desafío universitario

Paneles Solares en Mexicali

En las últimas décadas, el mundo ha despertado a una realidad innegable: el modelo energético actual, basado en combustibles fósiles, es insostenible. En este contexto, las universidades públicas de México tienen un papel crucial, no solo como centros educativos, sino como motores de investigación, innovación y formación de pensamiento crítico.

Pero ¿qué ocurre cuando la ciencia se encuentra atrapada entre el poder político, los intereses económicos y la urgencia ambiental?

🎓 De aulas a megaproyectos

Desde hace décadas, instituciones como la UNAM, el IPN y muchas universidades estatales han sido clave para formar técnicos e ingenieros que diseñan, construyen y operan la infraestructura energética del país.
Pero la pregunta es: ¿a quién sirve ese conocimiento?

Durante mucho tiempo, la educación energética estuvo ligada al crecimiento económico y al uso de combustibles fósiles. El medio ambiente quedaba en segundo plano.

🔍 ¿Ciencia crítica o ciencia funcional?

En muchos casos, la ciencia ha sido utilizada para justificar megaproyectos que afectan comunidades y ecosistemas. Las universidades, en lugar de cuestionar, han participado en silencio.

Aún hay poca formación que enseñe a pensar la energía como un fenómeno social, político y ambiental, no solo como algo técnico.

🌞 ¿Estamos cambiando?

Sí, pero lentamente. Hoy hay más programas dedicados a energías renovables y desarrollo sustentable. Algunos centros de investigación empiezan a hablar sobre justicia energética, territorio y medio ambiente.

Sin embargo, aún falta mucho para que estas ideas lleguen a todas las carreras, y no solo a quienes ya están convencidos.

💡 Educación crítica para un futuro sustentable

La pregunta clave es: ¿qué tipo de conocimiento queremos producir? ¿Uno que mantenga el mismo modelo extractivo con nuevas tecnologías? ¿O uno que cuestione, proponga y transforme la relación entre energía, sociedad y naturaleza?

Las universidades mexicanas tienen el potencial de ser agentes del cambio, pero para lograrlo deben asumir un rol más crítico, autónomo y éticamente comprometido. Formar profesionales capaces de entender no solo los aspectos técnicos, sino también los impactos sociales y ecológicos de la energía, es indispensable.