Las ciudades cambian, y con ellas, también la forma en que vivimos. En la metrópoli moderna ya no basta con tener casas dispersas: el modelo vertical (edificios altos) se presenta como una alternativa para ahorrar espacio y recursos. Pero ese cambio no está exento de retos. El estudio analiza cómo en Torreón, México, el surgimiento del habitar vertical encuentra resistencias tanto sociales como urbanísticas, lo que revela los complejos caminos hacia una sostenibilidad urbana real.
🌍 De casas al cielo: ¿Por qué verticalizar?
La expansión horizontal de las ciudades consume suelo, destruye ecosistemas, alarga los desplazamientos y encarece la infraestructura. En contrapartida, el habitar vertical permite densificar, optimizar servicios y reducir la huella urbana. Sin embargo, pasar del “unifamiliar + coche” al “edificio + transporte público” no es solo físico: es cultural, económico y político.
El estudio muestra que en Torreón las nuevas torres chocan con percepciones tradicionales de vivienda y con la falta de planificación que considere este cambio como parte de un sistema integral.
⚠️ Resistencias: Cuando la estructura choca con la cultura
La investigación encontró que muchas personas valoran casas de uno o dos niveles por la sensación de espacio, autonomía y seguridad. El modelo vertical aparece como más pequeño, más “ajustado” o menos cómodo para algunos. Además, la falta de servicios adecuados, accesos, espacios comunes y planificación adecuada hace que estos edificios sean vistos con desconfianza.
Las resistencias no son solo de los usuarios, también de la ciudad: la planificación urbana muchas veces no contempla de forma sistémica el habitar vertical (infraestructura, movilidad, servicios públicos, espacio público). Los autores identifican que faltan preceptos sistémicos que garanticen que la vivienda en altura funcione de forma justa, eficiente y sostenible.
🧭 ¿Qué debe considerarse para que vertical no sea solo alto?
Para que el habitar vertical contribuya realmente a la sostenibilidad, el estudio sugiere que debe incluir:
- Buen transporte público y acceso a servicios.
- Espacios verdes, áreas comunes y ventilación natural.
- Edificios eficientes en energía, materiales y gestión de residuos.
- Participación vecinal en el diseño y operación de los espacios.
Sin esto, la verticalidad corre el riesgo de convertirse en densificación sin calidad.
🌱 ¿Por qué importa para el futuro urbano?
El mundo se urbaniza rápidamente. Optimizar el suelo, la energía y los servicios es clave para adaptarse al cambio climático, reducir emisiones y aumentar la calidad de vida. En ese sentido, el estudio de Torreón sirve como advertencia: construir alto no garantiza sostenibilidad; planificar bien y considerar a la comunidad sí lo hace.
🔎 Hacia alturas bien pensadas
La vivienda vertical tiene el potencial de ser una palanca de cambio urbano, ecológico y social. Pero sin un enfoque sistémico que conecte tecnología, infraestructura, servicios y cultura, puede quedar en altura visual sin avances reales.
En Torreón se ve claro: resistir no es solo preferir horizontalidad; es exigir un modelo urbano que tenga sentido, que incluya a todos y que mire al futuro.
Ingeniero en Energías Renovables
Dylan Magallanez
Referencia;
Pérez, M. G. G., & Gomez, N. M. M. (2025). Hacia una sostenibilidad sistémico-urbana en el habitar vertical: resistencias en Torreón, México. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10001847